miércoles, 1 de mayo de 2013

Ven aquí pequeña


Cuando la miraba me volvía demente, no sé que tenía en la cara, que con solo sentirla cerca mi imaginación volaba sin rumbo alguno. Tanto que mis braguitas se humedecían, era pensar en aquel pelo castaño cogido con mi mano a cuatro patas, mientras mis dedos iban jugando con esos labios tan fino y bien dibujados, con ese clítoris que conseguiría que le llevase al clímax con mi pulgar que rodeaba  aquel culito tan redondo y blanquito que me iba llamando para que lo comiera, apartando esas dos nalgas tan perfectas, jugueteando con mi lengua en su ano,  y con una de mis manos haciéndole círculos en el clítoris para que cada vez fuese mojando más y más hasta hacerlo gotear, seguidamente dándole media vuelta para que toda su corrida fuese bajando hasta hacer un charco en la cama, entonces dándole mordiscos en el clítoris mientras mi dedo iba entrándole lentamente por el culo y ella entonces agarró las sabanas fuerte. Le tape la cara con la almohada para ahogar sus gemidos, que a mí me ponían tan cachonda, y ella oponiéndose cada vez gemía más alto hasta gritar, mientras esos ojos verdes me miraban como la hacia disfrutar y ese verde cada vez se hacía mas intenso hasta desprender fuego, consiguió que yo me corriese con solo verla gozar y la até en la cama, le vendé los ojos y con un hielo rodee sus pezones, que se pusieron firmes para yo poder besarlos, mientras el hielo bajaba lentamente hasta su clítoris. Ella en ese momento se estremeció y gritó por el contraste de temperaturas que su cuerpo y  el hielo desprendían haciendo que el corazón se le parase por unos instantes y así hasta la mañana, que ya muerta de gozo suplico que parase que ella era toda mía.

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