Cuando la miraba me volvía
demente, no sé que tenía en la cara, que con solo sentirla cerca mi imaginación
volaba sin rumbo alguno. Tanto que mis braguitas se humedecían, era pensar en
aquel pelo castaño cogido con mi mano a cuatro patas, mientras mis dedos iban
jugando con esos labios tan fino y bien dibujados, con ese clítoris que
conseguiría que le llevase al clímax con mi pulgar que rodeaba aquel culito tan redondo y blanquito que me
iba llamando para que lo comiera, apartando esas dos nalgas tan perfectas, jugueteando
con mi lengua en su ano, y con una de
mis manos haciéndole círculos en el clítoris para que cada vez fuese mojando más
y más hasta hacerlo gotear, seguidamente dándole media vuelta para que toda su
corrida fuese bajando hasta hacer un charco en la cama, entonces dándole
mordiscos en el clítoris mientras mi dedo iba entrándole lentamente por el culo
y ella entonces agarró las sabanas fuerte. Le tape la cara con la almohada para
ahogar sus gemidos, que a mí me ponían tan cachonda, y ella oponiéndose cada
vez gemía más alto hasta gritar, mientras esos ojos verdes me miraban como la
hacia disfrutar y ese verde cada vez se hacía mas intenso hasta desprender fuego,
consiguió que yo me corriese con solo verla gozar y la até en la cama, le vendé
los ojos y con un hielo rodee sus pezones, que se pusieron firmes para yo poder
besarlos, mientras el hielo bajaba lentamente hasta su clítoris. Ella en ese
momento se estremeció y gritó por el contraste de temperaturas que su cuerpo y el hielo desprendían haciendo que el corazón
se le parase por unos instantes y así hasta la mañana, que ya muerta de gozo
suplico que parase que ella era toda mía.

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