martes, 7 de mayo de 2013

Días íntimos...


Ella despertó perezosa como aquel amanecer de mayo, donde el sol asomaba unos rayos vagamente entre las nubes. Estaba bonita, risueña, juguetona, pero sobretodo picara, muy picara. En ese momento sonó una dulce melodía que siguió, parecía venir de algún de aquella enorme casa. Tapada con una sábana blanca, que dejaba ver dibujados aquellos finos pliegues de su piel, bajo corriendo las escaleras, y le beso. Un beso intenso, largo, dulce, con amor, un beso que se convertiría en algo más que eso. La sabana cayó al suelo y aquella figura tan fina y delicada se veía a contraluz como una sombra e instantes más tarde estaban los dos bajo la luz de la mañana enredados en el suelo, allí sin más surgió la pasión, el fuego, esa llama que prendía con solo mirarse. Empezaron por los besos, siguieron por las caricias, las manos lentamente iban bajando por aquellos senos firmes, por aquel vientre plano, por su clítoris, jugando los dos primero él, luego ella, con esas manos de muñeca, esos labios carnosos, esa lengua viperina que jugaba con su polla, esos ojos que mientras se la besaba le miraban llenos de placer, con ganas de más, tantas ganas que él la cogió por la cadera le dio la vuelta y empezó a comérselo pero no pudo resistir más y se la metió, entro lentamente, era pequeño, apretado, tanto que en menos de 5 minutos los gemidos llenaban cada rincón de la casa haciendo temblar las paredes, que en esos momentos parecían tener oídos. Y así era, día tras día, noche tras noche, donde surgiera. Días más tranquilos donde dominaba el amor, días más salvajes, en los que ella era la sumisa, atada a la cama, deseosa de más, aquella zorra que solo le pedía uno, otro y otro más, aquel animal sediento de placer; días fogosos donde la llama se encendía y permanecía así más de 48h, días íntimos donde jugar es lo más importante…

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