Ella despertó perezosa
como aquel amanecer de mayo, donde el sol asomaba unos rayos vagamente entre
las nubes. Estaba bonita, risueña, juguetona, pero sobretodo picara, muy
picara. En ese momento sonó una dulce melodía que siguió, parecía venir de algún
de aquella enorme casa. Tapada con una sábana blanca, que dejaba ver dibujados
aquellos finos pliegues de su piel, bajo corriendo las escaleras, y le beso. Un
beso intenso, largo, dulce, con amor, un beso que se convertiría en algo más
que eso. La sabana cayó al suelo y aquella figura tan fina y delicada se veía a
contraluz como una sombra e instantes más tarde estaban los dos bajo la luz de
la mañana enredados en el suelo, allí sin más surgió la pasión, el fuego, esa
llama que prendía con solo mirarse. Empezaron por los besos, siguieron por las caricias,
las manos lentamente iban bajando por aquellos senos firmes, por aquel vientre
plano, por su clítoris, jugando los dos primero él, luego ella, con esas manos
de muñeca, esos labios carnosos, esa lengua viperina que jugaba con su polla,
esos ojos que mientras se la besaba le miraban llenos de placer, con ganas de
más, tantas ganas que él la cogió por la cadera le dio la vuelta y empezó a comérselo
pero no pudo resistir más y se la metió, entro lentamente, era pequeño,
apretado, tanto que en menos de 5 minutos los gemidos llenaban cada rincón de
la casa haciendo temblar las paredes, que en esos momentos parecían tener oídos.
Y así era, día tras día, noche tras noche, donde surgiera. Días más tranquilos
donde dominaba el amor, días más salvajes, en los que ella era la sumisa, atada
a la cama, deseosa de más, aquella zorra que solo le pedía uno, otro y otro
más, aquel animal sediento de placer; días fogosos donde la llama se encendía y
permanecía así más de 48h, días íntimos donde jugar es lo más importante…
Mi éxtasis.
martes, 7 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
Ven aquí pequeña
Cuando la miraba me volvía
demente, no sé que tenía en la cara, que con solo sentirla cerca mi imaginación
volaba sin rumbo alguno. Tanto que mis braguitas se humedecían, era pensar en
aquel pelo castaño cogido con mi mano a cuatro patas, mientras mis dedos iban
jugando con esos labios tan fino y bien dibujados, con ese clítoris que
conseguiría que le llevase al clímax con mi pulgar que rodeaba aquel culito tan redondo y blanquito que me
iba llamando para que lo comiera, apartando esas dos nalgas tan perfectas, jugueteando
con mi lengua en su ano, y con una de
mis manos haciéndole círculos en el clítoris para que cada vez fuese mojando más
y más hasta hacerlo gotear, seguidamente dándole media vuelta para que toda su
corrida fuese bajando hasta hacer un charco en la cama, entonces dándole
mordiscos en el clítoris mientras mi dedo iba entrándole lentamente por el culo
y ella entonces agarró las sabanas fuerte. Le tape la cara con la almohada para
ahogar sus gemidos, que a mí me ponían tan cachonda, y ella oponiéndose cada
vez gemía más alto hasta gritar, mientras esos ojos verdes me miraban como la
hacia disfrutar y ese verde cada vez se hacía mas intenso hasta desprender fuego,
consiguió que yo me corriese con solo verla gozar y la até en la cama, le vendé
los ojos y con un hielo rodee sus pezones, que se pusieron firmes para yo poder
besarlos, mientras el hielo bajaba lentamente hasta su clítoris. Ella en ese
momento se estremeció y gritó por el contraste de temperaturas que su cuerpo y el hielo desprendían haciendo que el corazón
se le parase por unos instantes y así hasta la mañana, que ya muerta de gozo
suplico que parase que ella era toda mía.
lunes, 29 de abril de 2013
Empezé a jugar
Fue una sensación muy extraña. Que sentía por
primera vez. Así que decidí seguir, no sé porque, ni cómo pero mis manos no
podían dejar de moverse, cerré los ojos y gocé de aquel nuevo placer que
acababa de descubrir, así día tras día fui experimentando y cuando cerraba los
ojos agarraba fuerte las sabanas, me entraban ganas de gritar, me estremecía, y
por un momento sentía que el corazón se me paraba durante un instante breve.
Hoy día es uno de mis mayores placeres y mi forma de evasión siempre que no estoy
en compañía, pero mejor empezaré contando esto cuando yo tenía 13 años.
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